Cuando tu hijo explota: cómo acompañar su enfado sin perderte tú

Seguro te ha pasado: Tu hijo empieza a enfadarse, sube el volumen, el cuerpo se tensa… y de pronto ya no es un simple “enfado”, sino una tormenta. Y tú estás ahí, intentando mantenerte firme mientras por dentro quizá piensas: “¿Qué hago ahora? ¿Por qué pasa esto? ¿Lo estaré haciendo bien?”

Vanesa Fumero y Cristina Fumero

10/1/2025

Imagen de karlyukav en Freepik

Respira.
No estás sola. No estás solo.
Los enfados intensos forman parte del desarrollo. Tu hijo no está siendo “difícil”: su emoción es demasiado grande para manejarla solo. En estos momentos, tú eres su ancla.

Aquí tienes una guía para acompañarlo sin sentir que te arrastra la ola.

1. Tu presencia calma más que tus palabras

Cuando tu hijo pierde el control, lo que más necesita es sentir que tú no lo pierdes.
No hace falta que digas mucho.
A veces basta con estar cerca, respirar profundo, hablar con un tono suave y mostrar que su enfado no te asusta.

Tu calma es contagiosa.
Le prestas tu sistema nervioso cuando el suyo está desbordado

2. Valida lo que siente, marca lo que no puede hacer

Puedes transmitirle un mensaje claro y sencillo:
“Puedes estar enfadado. Lo que no podemos es pegar ni tirar cosas. Estoy contigo.”

Le dices: tu emoción importa.
Pero también le enseñas que sentir no es lo mismo que hacer.
Ese equilibrio entre comprensión y límite es lo que da seguridad.

3. Pon palabras cuando él o ella no puede

En medio del enfado, tu hijo no puede pensar con lógica. No puede explicarse.
Ahí entras tú.

Puedes decir:

  • “Tu cuerpo está muy enfadado.”

  • “Esto te frustró.”

  • “Querías eso y te cuesta esperar.”

No esperes que se calme al instante.
Nombrar no apaga la emoción, pero la ordena. Y lo prepara para entender mejor lo que pasa dentro de él.

4. Ofrécele una forma saludable de soltar la intensidad

Los niños necesitan movimiento para liberar la energía del enfado.
Puedes sugerirle opciones simples:

• Apretar un cojín
• Pisar fuerte en el suelo
• Soplar como si apagara velas
• Abrazar un peluche para sentirse seguro

No es “darle la razón”.
Es enseñarle un camino sano para canalizar lo que siente.

5. Espera a que la ola baje antes de hablar

Durante el pico del enfado, no hay aprendizaje.
Tu hijo está en modo supervivencia.

Cuando notes que la tensión baja, ahí sí puedes hablar de lo que pasó. Con pocas palabras, sin discursos:
“La próxima vez podemos probar esto otro.”
“Estabas muy enfadado y te ayudé a calmarte.”

Ese es el momento en el que su cerebro está disponible para escuchar.

6. Cierra con conexión

Después del enfado, tu hijo necesita saber que todo está bien entre ustedes.
Puede ser un abrazo, una mirada suave o un “ya pasó, estamos bien”.

El mensaje es poderoso:
El enfado no rompe la relación.
Y eso es lo que más les ayuda a crecer seguros.

Acompañar no es controlar. Es guiar.

Tu hijo no necesita que apagues su emoción. Necesita que lo ayudes a entenderla y volver a su equilibrio. Y eso es exactamente lo que estás aprendiendo a hacer cada vez que te enfrentas a uno de estos momentos.

Lo estás haciendo mejor de lo que crees.

Vanesa Fumero y Cristina Fumero